No os voy a engañar. Este es mi decimoquinto intento de tener un blog personal. Un espacio propio en el que pueda expresarme libremente y dar rienda suelta a las palabras. No soy viejo, aunque algunos intenten ponerme esa etiqueta. Soy más bien experimentado.
El primer intento lo hice hace 20 años. Compré dominio y espacio web para una aventura que duró poco. Era más bien una tontería entre amigos. No era ni cómodo escribir en ese lugar, ya que mi conocimiento se limitaba a hacer una chapuza en HTML sin base de datos ni historias. Cada entrada había que escribirla directamente en código. Infumable.
A esa aventura no se me ocurrió otra forma de llamarla que gentusa.com. De gentuza, por si hace falta una explicación. Hace bien poco miré por el archivo de internet y, bueno, la verdad es que escribíamos como si fuéramos unos niños idiotas. Supongo que de algún lado sacaríamos eso. Confieso que no lo recuerdo. Ni quiero. No obstante, le guardo mucho cariño a esa etapa.
Coincidía, además, con las excursiones a lo que era la Campus Party en Valencia. Fui dos años y básicamente hablaba de esa experiencia. También de cine y videojuegos. Nos plantamos en el preestreno de Spider-Man 2 y pudimos comprobar que Tobey Maguire era tan estupendo superhéroe como un completo idiota con los fans que allí le aclamaban. Todo lo contrario ocurrió con Kirsten Dunst, que al menos sonreía. Hay fotos por ahí. Si las encuentro, igual las subo por algún lado, pero esto fue hace muchos años y nuestros móviles puede que ni tuvieran cámara. No lo recuerdo, sinceramente.
Pasé varios años alejado de los blogs o de cualquier otro medio escrito. No fue hasta 2009 cuando volví a la carga. Tampoco con excesiva fortuna ni demasiada constancia. Creé otro blog, algo más serio que el anterior, y lo llamé La Recreativa en Casa (conservo todavía la cuenta de Twitter). Afortunadamente, ya era más maduro y me olvidé de escribir como un niño de cinco años. No es que escribiéramos mal por falta de formación. Lo hacíamos a posta. Era horrible. Gentusa en lugar de Gentuza. Lo dice el propio nombre. Todo era así.
La Recreativa en Casa, copiado descaradamente de una publicidad de la Mega Drive de SEGA, era un sitio más serio. Mi idea loca era que se convirtiera en un medio algún día, pero, de nuevo, la falta de constancia hizo que el proyecto no llegara a ningún lugar. Puede que nunca lo hubiera hecho, pero tampoco lo sabré. Al menos valía para que, al llegar a casa después del trabajo, me olvidara de la informática. Acabé odiando algo que me apasionaba.
Como en solitario no iba a llegar demasiado lejos, comencé a probar en lugares ya creados. Así recalé primero en el blog La Fortaleza de LeChuck. The Secret of Monkey Island es uno de mis videojuegos favoritos y los compañeros me abrieron las puertas de par en par para convertirme en Cara Limón. Los autores del blog llevaban el nombre de un personaje del videojuego. LeChuck, Guybrush y Elaine estaban pillados. Stan también. Así que Cara Limón me pareció un nombre divertido para esa etapa, exactamente igual que el personaje.
Escribiendo estas líneas he descubierto que el blog sigue online. No se actualiza desde hace varios años, pero el campeón sigue funcionando. Siempre le guardaré un magnífico recuerdo. El ambiente era increíble y escribir en él sirvió para entrar de lleno en los medios de comunicación y los esports. Mi primer evento fue la primera Final Cup organizada por la LVP en Madrid, en un centro comercial de Rivas Vaciamadrid.
A ese evento acudí acreditado por La Fortaleza de LeChuck, pero ya había metido la patita en otro sitio. Me sale la palabra “serio” para definirlo, pero no es la adecuada. Suena a desprecio para La Fortaleza y no es así. Con un nombre más conocido sería más justo. Poco antes de la Final Cup, la revista Marca Player puso un tuit que me cambió la vida por completo. Buscaban un colaborador para escribir en su web.
Rellené la solicitud rápidamente. La ilusión inundaba todo mi ser. Si todo salía bien, podía convertirme en lo que soñaba de niño. Recuerdo como si fuera ayer la respuesta que le di a mi madre cuando me preguntó por primera vez qué quería ser de mayor. Estábamos en la sala de espera de la consulta del médico. El motivo por el que estábamos allí no lo recuerdo, pero sí mis palabras: “Quiero ser periodista”. Por aquel entonces lo decía porque no dejaba de escuchar los deportes en la radio. Quería ser como Supergarcía. Pero en casa, mientras sonaba Tiempo de Juego (el de García), pasaba la tarde entre folios en blanco, cuadernos y bolígrafos de colores. Escribía mi propia revista de videojuegos.
Poco tiempo después de mandar mi solicitud, junto con una prueba escrita, el gran Jaume Esteve aceptó que me uniera al equipo de Marca Player. No tengo palabras para explicar cómo me sentí en aquel momento. Era Marca Player. ¡La revista de videojuegos del periódico deportivo más vendido! No tenía la misma tirada mensual que Hobby Consolas, pero me importaba muy poco. Yo estaba viviendo mi sueño. Lo bueno estaba por llegar.
Para Marca Player escribía por las tardes. Todavía conservaba mi puesto como informático. Visitaba clientes, me movía de un lado a otro con el coche, hacía alguna que otra chapuza en programación, pero sin ganas. No era culpa de la empresa, ni de mis compañeros ni jefes. Los conocía desde hace muchos años y conmigo se portaron siempre de forma exquisita. El problema estaba en mí. No era feliz. Los clientes —todos de empresa— te trataban como si fueras lo peor del mundo. Pocos te hacían sentir valorado y, en la gran mayoría de los casos, tenías que ir a enchufar bien una impresora o a limpiar la mierda que tenían en el ordenador. Y no era poca.
El trabajo en Marca Player, mirado en perspectiva, no era tampoco gran cosa. Nunca escribí para la revista. Mi labor era intentar reflotar la página web. Me dejé los cuernos currando lo indecible y —oh, vaya, sorpresa— sin cobrar. No me dieron ni un triste videojuego. Todo lo hice gratis. Y no resultó. La web estaba muerta antes de que yo llegara y, por mucho que lo intenté —junto a otros compañeros—, fue imposible revivirla. Recuerdo que yo solo cubrí un E3 completo. Todas las conferencias y todas las noticias. ¿Por qué lo hice? Quería cumplir mi sueño, única y exclusivamente por eso.
Es evidente que hoy en día no lo volvería a hacer. Ni siquiera en mi situación de antaño. Se aprovecharon de mí, es evidente. Pero tuve compensación. Una gran compensación —pero tú no lo hagas, no es lo correcto—. Trabajé sin cobrar durante todo un año, pero me tuvieron en cuenta para el siguiente, y esta vez sí, gran proyecto.
Unidad Editorial, responsable de Marca y su revista, realizó una fuerte apuesta por los videojuegos. David Sanz luchó con todas sus fuerzas para traer a nuestro país una de las cabeceras de videojuegos, cine y televisión más fuertes a nivel mundial. En 2012 nació IGN España. Estuvimos unos meses esperando que todo se formalizara, pero en agosto de ese mismo año nos pusimos manos a la obra. Primero de manera offline, escribiendo noticias y análisis sin que nadie los leyera. Para su salida en octubre ya teníamos escritos miles de artículos, lo que derivó en un estreno increíble.
IGN llegó en el momento adecuado. Era una revista digital encargada de videojuegos, sí, pero también de cine, series, música y cómics. En España no estábamos acostumbrados a eso. Los de juegos hablaban de juegos. Los de cine, de cine. Nosotros no, y salieron rápido los envidiosos. Sobrepasamos en muy poco tiempo a cabeceras veteranas —no a todas— y, claro, según su visión era porque no éramos un medio de videojuegos. Éramos otra cosa. No se valía. Poco tiempo después no solo vieron su tremendo error, sino que comenzaron a hablar de cine y series. Oh, vaya, sorpresa.
En IGN se acabaron mis penurias. Desde el primer día comencé a cobrar por mi trabajo y, a los dos meses, decidí abandonar para siempre la informática y todo lo relacionado con ella. Ahora apenas sé encender un ordenador. Me propusieron estar a tiempo completo y no me lo pensé dos veces. Fue una etapa inolvidable. Currábamos y nos lo pasábamos bien. Viajábamos. Disfrutábamos. Incluso nos hicimos amigos. Todo ello se acabó —el curro y la amistad con algunos—, pero nadie me podrá quitar aquellos años.
De IGN me marché por voluntad propia. Más o menos. Unidad Editorial nunca ha sabido qué hacer con los videojuegos. Sigue sin saberlo, por mucho que los chicos de Marca Gaming se esfuercen. No es culpa suya. Llegó un momento en el que Gustavo Maeso —David ya se había marchado— nos dijo que probablemente tendríamos que buscarnos la vida en otro sitio. No tenían pensado renovar el contrato con IGN. Así lo hice. Me marché a otro trabajo y a otro sector. IGN, sin embargo, siguió un año más con Unidad Editorial. Cuando finalizó la prórroga se fue a Webedia y, ahora, está en manos de Difoosion.
Entré en Baquía. Fui sincero en su momento: no había escuchado su nombre nunca. Sin embargo, era una de las páginas web de contenido tecnológico pioneras en España. Tuve que adaptarme a otra forma de trabajar. Era completamente distinto. No solo a lo que conocía, sino a lo que me gustaba. Prometo que lo intenté hasta el último día, pero el proyecto acabó por no funcionar. Puedo decir aquí y ahora que las segundas partes nunca fueron buenas. Es cierto. Aunque mucha culpa de su fracaso absoluto es mía. Acepté un reto y no supe sacarlo adelante. El proyecto iba por un camino (el del negocio empresarial) que siempre he detestado. Yo soy de tocar, de analizar producto, de jolgorio y fiesta. De camiseta y vaqueros. Huyo de la corbata y el traje. Dame una buena Comic-Con y no me hables de startups.
Tras el fracaso de Baquía estuve unos meses en Sportyou, del mismo grupo. A los compañeros los conocía de todo este tiempo y no solo guardo un gran recuerdo de ellos, sino que aprendí mucho durante esa etapa. Estando cerca de Miguel Gutiérrez, Iñaki Cano, David Sánchez de Castro o Antonio Gil solo se puede salir mejor. Allí creamos una sección de esports, mucho más divertida que el entorno empresarial, pero pronto recibí una oferta para volver a un lugar en el que ya había estado, aunque ahora con un nombre distinto. Volví a colaborar con Unidad Editorial, en Marca eSports.
El proyecto comenzó con grandes intenciones. Íbamos a ser, supuestamente, libres para publicar y hacer lo que quisiéramos. Siempre en un orden, claro. Cubrí grandes torneos de carácter mundial. Viajé a París, São Paulo o Barcelona, entre otros, y tuve que cubrir marrones que nadie quería hacer en el diario Marca. Como una mañana de Nochebuena en un evento de Call of Duty. Nosotros íbamos a acudir igualmente, pero uno de los invitados fue Dani Carvajal (futbolista del Real Madrid) y ningún periodista del periódico deportivo más vendido y visitado de España quiso “perder el tiempo” el 24 de diciembre. Me tocó entrevistar dos veces al lateral madridista. Una, por Marca eSports. Otra, por Marca. Diría que con eso apareció mi nombre en su portada, pero ya lo había hecho muchas veces antes con IGN y, a la hora de la verdad, eso no sirve para nada.
Pasaron los meses y al final ocurrió lo de siempre. Las promesas iniciales no valieron para nada y tuvimos que luchar contra el SEO con artículos preparados de lo más variados. Ya no podíamos hacer lo que quisiéramos, sino lo que nos dictaban. Tengo una anécdota terrible de aquel entonces. Os sitúo: el Call of Duty Championship, el antiguo mundial de CoD, se estaba disputando en Dallas. Un aviso de bomba hizo que los nervios aparecieran y que se paralizara todo. Muy pocos medios españoles cubrían por aquel entonces el evento y estuve toda la madrugada informando al minuto de lo que ocurría allí. Seguro que pude hacerlo mejor, pero estoy convencido de que hice lo que tenía que hacer, tanto en la web como en las redes sociales. Cuando amaneció, la realidad me atizó la cara con fuerza. No esperaba un reconocimiento ni nada similar —al fin y al cabo solo hice mi trabajo—, pero recibí todo lo contrario: una advertencia. Marca eSports no está para cubrir eventos por la noche. ¿Para qué está entonces? Ni idea. Supongo que para escribir “¿Quieres ser un campeón de los videojuegos?” o “Cómo ganar dinero en los esports”. Artículos basura.
Comprenderéis que, a partir de ese momento, mi motivación cambió por completo. Seguí trabajando de la manera más profesional que pude, pero fue entonces cuando entré en el bache profesional más grande de toda mi carrera. Puede que superara los peores momentos de la década anterior. Cambié de trabajo con el paso del tiempo. Marca eSports no iba a durar mucho más y me hicieron otra oferta. Una pequeña productora buscaba un perfil como el mío para diferentes proyectos, entre ellos la cuenta oficial de Liga PlayStation.
Como el panorama estaba como estaba, no dudé en cambiar. Me ofrecieron algo que hacía años que no veía: un contrato laboral. Joder. Para no cambiar. Fui con los ojos cerrados. Los años de autónomo me estaban fulminando. Pude gestionar las últimas semanas de la cuenta oficial de Uncharted en español en Facebook (sí, en Facebook) y la ya nombrada Liga PlayStation. Lo primero que tengo que decir es que descubrí que ser CM no era lo mío. Pero tampoco es que lo pusieran nada fácil. Ni de un lado (los de Sony) ni del otro (la propia empresa).
No todo fue malo. Que lo fue, a niveles catastróficos. Hicimos cosas chulas para tele. Me encargué de los guiones de FOX Gamer, un pequeño programa de televisión de videojuegos para FOX España. Como otros muchos proyectos, no sobrevivió a la compra de la cadena por parte de Disney, pero fue divertido. Me gustó mucho esa experiencia. También retransmitimos por primera vez en España una competición de esports en una tele privada: las finales de Madrid de Gran Turismo. Para esa cita nos preparamos a conciencia y pudimos entrevistar a los mejores pilotos españoles. Algunos en Madrid y otros en su lugar de residencia. El viaje a Sevilla para entrevistar a Manu Rodríguez fue fantástico. Como la visita de Coque López a la capital española. Descubrí los rodajes y me gustaron, aunque no he vuelto a hacerlos desde entonces. Una pena. Quizá lleguen en otra ocasión.
El problema fue que de allí salí mal. Muy mal. La empresa, que no voy a nombrar, tenía el peor ambiente de trabajo en el que he estado. No por los compañeros, sino por la dirección. Soy una persona fácil de tratar si el trato que recibo es bueno. Pero si me encuentro con un ególatra enfrente que utiliza malos modos, desprecio al trabajo y gritos constantes, conmigo lo va a llevar muy mal. Reacciono rápido ante semejantes personajes.
El bache se convirtió en un socavón. No era un jovencito ya, y para hablar de videojuegos hay gente muy buena y mucho más joven que yo. Veía mi futuro tan oscuro que estuve a punto de entrar en depresión. Me faltó muy, muy poco. Encontré algún que otro trabajo que me permitía salir más o menos hacia adelante, pero no estaba motivado. Rellenar bases de datos o coger llamadas en un call center no hacían que saliera del bache. Todos estos puestos los encontraba gracias a amigos. Eran grandes favores y les estoy muy agradecido. No sé qué hubiera pasado conmigo de no tener un sueldo.
En ese momento volvió a aparecer una gran oportunidad. Dexerto buscaba gente y no dudé en mandar mi solicitud. Conocía a Paco de otras ocasiones y supongo que él también a mí. Encontré de nuevo la puerta abierta de par en par para volver al lugar del que nunca quise salir, pero del que me vi obligado a marcharme. Entré con una motivación extra. Me puse las pilas con los youtubers y streamers —se empezaba a hablar de ellos en los medios— y, por supuesto, me alegré de volver a los esports y videojuegos de nuevo. Aunque la alegría duró bien poco. Los encargados del proyecto cambiaron de opinión de un día para otro. Nos contaron primero que iban a apostar fuerte por el equipo español y, a las pocas semanas, menos de un mes, decidieron todo lo contrario: recortar personal. Como yo era la última incorporación, me arrancaron toda la ilusión que había puesto. Se fue por la alcantarilla más sucia de Madrid. Era imposible salir de ese socavón y, en ese momento, pensé —ahora sí— que no iba a volver a currar en lo que era mi vocación.
Afortunadamente, estaba completamente equivocado. Seguía teniendo amigos. Ya no recuerdo cómo fue el contacto, pero acabé hablando con Carlos González un día. A Carlos le conocí en París. Un buen lugar para encontrar a dos españoles. Por aquel entonces no lo sabía, pero acabó salvándome la vida —no de manera literal—. Estábamos allí cubriendo la final de la LCS de League of Legends. Todavía no se llamaba LEC. Yo iba por Marca eSports y él, por Movistar eSports. Viajé solo, como muchas otras ocasiones, pero en la rueda de prensa escuché un idioma que conocía bien: el español. Me giré y allí estaban ellos, Carlos acompañado de Cristinini, que por aquel entonces no era la streamer de hoy, sino reportera del canal de televisión. Enseguida los saludé y, como Carlos es todavía más abierto que yo, pronto hicimos migas.
De Dexerto salí en enero de 2020. Días antes de que en China comenzara a escucharse algo llamado coronavirus, del que no teníamos que preocuparnos porque iba a ser como una gripe. Claro que sí. Bueno, pues a finales de febrero hice la entrevista con Movistar eSports y en marzo llegó el mazazo: nos confinaron y el mundo se paró. Quién sabe, si hubiera hecho la entrevista unos días antes, hubiera pasado el confinamiento trabajando, pero no. La vida no tenía previsto eso para mí. Me tocó seguir sufriendo unos meses más.
En el confinamiento, la alarma roja se encendió en varias ocasiones. No estaba solo, ya que mi pareja y mi querida Siri estaban a mi lado. Pero su situación no era tampoco mucho mejor: ella no podía trabajar tampoco, aunque al menos estaba contratada. Los meses pasaron. Los pocos ahorros se agotaron. El alquiler lo pagábamos cuando podíamos. Una situación desesperada. YouTube, los streamers y Animal Crossing nos animaron durante ese tiempo. Películas y series se mezclaban con aplausos al vacío, llamadas de FaceTime y discursos de Pedro Sánchez y la oposición.
No fue sencillo. Pasaron varios meses hasta que volví a ver la luz. Tampoco recuerdo cómo encontré esa oportunidad, pero acabé trabajando para la web de Topes de Gama. Sí, tiene el mismo nombre que el canal de YouTube, aunque no tiene nada que ver con ellos. Historias que no me importan ni quise conocer hacían que se disputaran la web entre varios grupos. Me daba igual. Yo comencé a trabajar de nuevo. El trabajo era subir ofertas a la web y pintarlas como si fueran la mejor de la historia, pero yo volví a sonreír poco a poco. Con dinero a final de mes se ven las cosas de otra forma.
Y entonces volvió Movistar eSports. Seguíamos en lo peor de la pandemia, pero la situación laboral se había más o menos controlado por el teletrabajo. Comenzaron a hacer entrevistas en las redes sociales y fue otra de las patas que dieron entretenimiento como pudieron durante esos terribles momentos. Tuve que decidir y me lo pensé bastante más de lo normal. Acababa de encontrar trabajo, llevaba un par de meses y era sencillo de hacer. ¿Y si no salía bien el cambio? ¿Estaba listo para volver a un agujero? Nadie está listo para eso, pero siempre he sido valiente —cada vez menos—. Acepté el cambio. Era octubre de 2020 y, cinco años después, aquí sigo. El mundo ha vuelto a cambiar. El entretenimiento ha girado demasiadas veces en los últimos años. Pero aquí estoy. Y espero que mi vida laboral no vuelva a cambiar demasiado. Os cuento un secreto: nunca he estado más de tres años en un sitio. El cuerpo siempre me ha pedido cambiar. Aquí llevo cinco.
En esta historia me he dejado deliberadamente algún que otro medio en el que también he estado y me he sentido como en casa. Esa historia será contada en otro momento.


